Conoce nuestro equipo: Lic. Juan Carlos Ramírez

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Por qué soy un DeMente hoy

Hola, hoy quiero contarte un poco sobre mí. Pero antes quiero agradecer que te tomes el tiempo para conocer un poco más sobre lo que soy. Es halagador y gratificante saber que alguien quiere conocer cómo he caminado por algunos de los retos que me ha traído la vida.

Mucho gusto, soy Juan Carlos Ramírez, Licenciado en Educación Especial de la Universidad de Antioquia. Mi formación se llevó a cabo en una de las seccionales del Alma Mater UdeA, en el municipio de Andes, Antioquia, allá en el suroeste antioqueño.

Aunque hoy digo con gran orgullo que represento la defensa y el reconocimiento de la población vulnerable en los entornos educativos —especialmente de aquellas personas con discapacidades y trastornos—, en un inicio comprender la relevancia de lo que hoy llevo a cabo se basaba en la definición de conceptos aislados dentro de una profesión con alta estigmatización social, en la que muchas veces se centra la mirada únicamente en las escuelas especiales.

Inicié mi vida laboral en una de las más importantes entidades de rehabilitación de la ciudad de Medellín: Fundación Diversidad. Allí, junto con quien fue mi profesora de Inserción Socio-Ocupacional durante el pregrado, pude incursionar como profesional e iniciar un aprendizaje que hoy puedo decir que continúa vigente.

En este espacio tuve la oportunidad de trabajar directamente con población en condición de discapacidad y con personas con diferentes trastornos que se encontraban en procesos de inclusión educativa y laboral. Con algunos de ellos, el trabajo se enfocaba en el desarrollo de habilidades sociales para la vida.

Como los ciclos se van cerrando, después de 10 años de trabajo allí busqué la posibilidad de tener un diálogo de saberes diferente, no solamente enmarcado en la atención directa de la población. Fue así como ingresé al programa de inclusión de la Alcaldía de Medellín, en la Unidad de Atención Integral (UAI).

Allí los retos se transformaron hacia una visión social más amplia. Con la implementación del enfoque de educación inclusiva, me uní a la lucha de la sociedad actual por construir entornos, personas y servicios adaptados y dispuestos para cualquier persona, sin discriminación.

En este programa la labor se enmarcaba en la consolidación de políticas, prácticas y culturas inclusivas en los entornos educativos de la ciudad, buscando que cada institución educativa se preparara de manera responsable para la atención de la población que llegaba a las aulas.

Este reto fue —y sigue siendo para quienes lo adelantan actualmente— profundamente confrontador, pues somos pocos los que tenemos alguna noción y empatía para sacar a las poblaciones tradicionalmente excluidas de entornos “especiales” y concebirlas dentro de la educación regular, ahí, con nosotros.

Con cinco años de grandes experiencias, sueños, lágrimas y mucho amor por el proceso, el ciclo volvió a cerrarse y una nueva oportunidad llegó a mi puerta. Una oportunidad que continuaba matizando mi perfil como educador especial y abanderado de la inclusión, pero ahora en un entorno de educación superior.

Así fue como, hace ya dos años, llegó a mi vida la Universidad Pontificia Bolivariana (UPB), vinculándome al proceso que se encarga de acompañar a los estudiantes en toda su trayectoria académica mediante la gestión y el acompañamiento de situaciones que afectan su permanencia.

Actualmente puedo decir que ha sido otra maravillosa oportunidad para construirme como profesional. Aquí la visión se amplió aún más y, además de comprender la estancia universitaria desde la óptica de la deserción, pude reconocer cómo el enfoque que movilizo y promulgo ya es importante en entornos como la UPB, donde mi voz, además de ser escuchada, empieza a ser reconocida como un componente de fortalecimiento de la inclusión educativa y la atención a la diversidad.

Podría agregar que han sido muchas las labores en el ámbito educativo donde he tenido la posibilidad de acompañar, además de estudiantes, a docentes, directivos docentes, padres de familia y enlaces educativos, quienes se convierten en los verdaderos movilizadores de la inclusión.

Porque la inclusión no es solo un ideal: es un principio, es una postura y es una decisión.

Hoy me paro en la decisión de ser ese actor que, donde se encuentre, transforme la visión sobre la población con barreras para el acceso al aprendizaje y la participación, pues creo que allí está el verdadero sentido de la transformación social.

Una transformación que hoy, desde Somos DeMentes, llevamos a cada uno de ustedes con mensajes, tips y siempre la mejor energía.

Un poco sobre mí como persona

Tengo 35 años. Nací y crecí en algunos de los pueblos más escondidos del departamento de Antioquia y desde siempre me he caracterizado por ser alguien espontáneo, leal y con la mejor disposición para lo que se emprenda.

Crecí en un hogar monoparental donde mi madre —a quien amo, admiro y respeto profundamente— luchó para formar al hombre que soy hoy y darme todo lo que las posibilidades nos permitieron, transitando las precariedades propias de una madre soltera que sacó adelante su hogar con el arte de la modistería.

Debo destacar que nunca me faltó nada y me siento profundamente orgulloso de que la vida haya puesto en el lugar de mi madre a una persona que me enseñó a valorar lo que tengo y a luchar sin descanso por aquello que sé que puedo lograr.

Cuando tenía 10 años, llegó a mi vida mi hermano menor, Rolando, quien se convirtió en la materialización de un compañero que vendría a acompañarme en una infancia que muchas veces sentía solitaria.

Él fue mi primer experimento para comprender el reto que asumen los padres al criar un hijo, porque me permitió vivir de cerca los desafíos de cada etapa de la vida, donde el amor y la paciencia de un padre, una madre —o preferiblemente ambos— se convierten en componentes esenciales para la formación de un “ciudadano de bien”, empático, consciente de su realidad y preparado para defender sus ideales.

En la vida fui de pocos amigos. Tuve que padecer el rezago de culturas machistas y clasistas que juzgaban algunas de las formas en las que me mostraba al mundo. Sin embargo, esto representó uno de los primeros aprendizajes para la construcción de lazos de amistad sólidos, en los que más que compartir momentos, se consolidaba el crecimiento personal y el amor por el otro. Esto me dejó grandes amigos que hoy puedo decir que son uno de los regalos más grandes que me ha dado la vida, y a quienes cultivo cada día con respeto, presencia y cariño.

Mucho después, ya siendo adulto, recibí uno de los regalos más grandes que mi padre me pudo dejar para la vida: la oportunidad de conocer a sus hijos. Un grupo de 12 personas (sí, 12 hermanos) que llegaron acompañados de sus propias familias y que me brindaron un núcleo familiar amplio, con quienes tuve la oportunidad de ser llamado por primera vez “tío”. Con ellos he tenido la posibilidad de armar el rompecabezas de mi historia, una historia en la que mi padre, por diferentes circunstancias, no pudo estar.

Hoy puedo decir, sin temor a equivocarme, que estos 12 hermanos, su madre y sus familias son motivo permanente de alegría, porque han estado presentes en momentos llenos de amor y compañía genuina.

No quiero dejar pasar esta oportunidad para hablarles de mis amores chiquitos: dos hermosos gatos que, aunque llegaron a mi vida hace apenas tres meses, materializan el amor que hace aproximadamente seis años despertó mi primer gato, Fidel. Magnus y Gael llegan a mi vida como articuladores de uno de los proyectos más grandes que tengo: construir un hogar y hoy representan mi lado más genuino y personal: ese en el que soy un amoroso “padre” que se preocupa y se ocupa del bienestar de sus amados papasitos.

Íntimamente hablando

De lo más íntimo puedo contar que soy un romántico loco.

Amo cada una de las demostraciones de cariño y amor que puedan existir en cualquier forma de vínculo entre personas. Esto me lleva a dedicar canciones, regalar poemas y recordarle constantemente a las personas que me rodean cuánto las amo y cuán importantes son para mí.

Tengo un carácter un poco fuerte. Me caracterizo por ser categórico y determinado para expresar mi postura en los entornos en los que me muevo. Sin embargo, esto no es sinónimo de una actitud fría, arrogante ni vertical; por el contrario, me preocupo por ser una persona amigable, fraterna y siempre dispuesta a escuchar.

Amo las películas viejas, aquellas que se grabaron antes de mi llegada a este mundo. Siempre las he visto como una manera de viajar al pasado, de comprender las dinámicas sociales de cada época y de valorar el presente que vivimos. En cada una de esas películas disfruto saber que ya conozco el final, mientras sigo con mi idea loca de viajar en el tiempo, aunque sea a través de una pantalla.

Soy fanático número uno de los dulces, las galletas y los helados. Quien me quiera conquistar sabe que no es difícil hacerme feliz.

Soy poco amante de la carne; si fuera por mi deseo, cada día comería verduras en todas sus presentaciones. Pero vivimos en una sociedad carnívora a la que le cuesta concebir un plato de comida sin la presencia de un trozo de carne.

Un hasta luego
Si alguna vez te has tomado el tiempo de contarle a alguien un poco de tu vida y luego te has quedado en silencio, sin saber exactamente qué decir, seguramente podrás entender lo que ha pasado hoy conmigo. Con el ánimo de que seamos un poco más cercanos, he querido contarte quién soy y qué es lo que me mueve.
Espero que podamos seguir conociéndonos en cada una de las plataformas de SomosDeMentes y que juntos seamos movilizadores de lo que llamo la esencia de la empatía, que no es otra cosa que aprender a ponernos en los zapatos de los otros.
Una de las grandes premisas de mi vida me la ha aportado Mahatma Gandhi, quien dijo: “Sé el cambio que quieres ver en el mundo”. Hoy quiero dejarte ese mensaje: que cada día aportes para que el mundo sea un poco más parecido a aquello que sueñas. Por mi parte, solo puedo decirte que soy feliz porque, con lo mucho o con lo poco que puedo hacer, intento que el mundo sea un lugar un poco mejor a través de mis labores y de mis acciones.
Te quiero y te abrazo desde la distancia.


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